En
los primeros capítulos del libro El Primer Núñez, escrito por Nicolás del
Castillo, se encuentra los primeros indicios de la influencia femenina en la
vida de Rafael Núñez, a partir de la imagen materna. Siendo aquella sociedad
Cartagenera de comienzos del siglo XIX, tan conservadora y beligerante, se
esperaba de sus jóvenes que siguieran la imagen del gran militar, que en el
caso de Rafael Núñez Moledo la personificaba su padre, el Coronel Francisco
Núñez García.
Sin
embargo, un niño tan frágil de salud, como lo fue Rafael, y que fue esmeradamente
atendido por su madre, creó con ella vínculos que el padre, siempre frio y
distante, con la imagen tosca del militar, no llegó a entablar. La figura
materna que lo irradió, estuvo llena de sensibilidad, de cuidados, de
constancia y de entereza.
Rafael
fue testigo del dolor que su madre llevó hasta en el nombre, pudo deleitarse en
la ternura maternal por más tiempo del que hubiera sido gracias a su
constitución física débil. Es allí, en la debilidad donde creo que él encuentra
más fuerza y una manera diferente de ejercerla, con esa flexibilidad del Sauce
que se dobla y no se quiebra.
El
mismo autor, Nicolás del Castillo, escribió una biografía de Rafael Núñez, en
ambos textos puede encontrarse toda esa referencia al lazo estrecho entre madre
e hijo y esa influencia materna que se antepone a los deseos paternos, a pesar
de que Dolores Moledo, en ningún momento, alienta a su hijo contra su padre.
Además
de Dolores Moledo, otras mujeres marcan la vida de Rafael Núñez, de lo cual no
solo nos habla Nicolás del Castillo, sino también Silvia Galvis en su novela
“Soledad conspiraciones y suspiros” e incluso,
los textos que como “Acercamiento a Núñez” del autor Ramiro de la
Espriella, tienen un enfoque más académico y seguramente lo harán muchos otros
que aún no he leído, porque se relaciona muy a menudo, ese espíritu galante con
las damas, en los éxitos y fracasos políticos de Núñez.
El
mejor biógrafo en mi concepto, para ilustrar la influencia que tuvieron las
mujeres en la vida de Rafael Núñez Moledo, es Indalecio Liévano Aguirre. Este
autor ha sido el más osado cuando se trata de indagar en la vida privada de “El
Regenerador” para mostrar ese aspecto de su carácter marcado por el género
femenino, y digo que Indalecio fue osado porque al tratar sobre este personaje
tan importante para la historia de Colombia no es común expresarse de él en
forma tan liberal como lo ha hecho Indalecio.
Indalecio
Liévano comienza la biografía sobre Núñez desde la infancia de este y fija su
atención en el lazo entre madre e hijo, por ello a partir de las reflexiones de
este autor comienza a evidenciarse la formación de características sensibles,
delicadas y emotivas en la personalidad de Núñez.
Se
trata del niño Rafael protegido por su madre, viviendo y asumiendo las
tristezas e inquietudes de esta, aprendiendo de ella la manera como se resiste
una vida de desengaño porque su matrimonio no fue lo que Dolores Moledo o
cualquier mujer en su lugar consideraría ideal. En su madre Rafael aprende que
la vida le deparará desengaños, sin embargo su personalidad contrastó con la de
su madre porque el carácter femenino de Dolores Moledo implica un control sobre
las emociones pero Núñez no lo usó, como hombre fue más propenso a explotar
bajo la presión de sus sentimientos, el hombre actúa de acuerdo con lo que
siente y la prudencia maternal no fue asimilada por Rafael.
Se
sabe pues que la mujer que es madre, es la iniciadora al mundo del hombre en su
vida íntima y social, cuida de su evolución fisiológica y convierte las
necesidades de sus hijos en necesidades propias pero en el caso de Dolores
Moledo fue más que eso, Rafael se convirtió en la razón más poderosa de su
existencia, el motivo para despertar cada mañana y la compañía más fiel y
constante de su vida. Al mismo tiempo el pequeño Núñez lo supo, se dio cuenta
de que el amor de su madre necesitaba de él y lo correspondió con intensidad,
el lazo que los unió fue poético como el mismo Núñez así lo expresó, en su
poema “La madre”:
¡Oh madre! ¡En la naturaleza no hay sonido
que exprese claramente lo que has sido
para el hombre lo que eres y serás!
Que tu imagen, más grande que la idea, es imposible
que copiada sea,
pues para ello la pluma es incapaz.[1]
Durante
mucho tiempo Rafael Núñez vive en sociedad bajo la dirección y protección de su
madre, con la conducta social y religiosa que ha tomado de ella, con las falencias,
fortalezas y esperanzas que ella le ha transmitido, sin descubrir aún las
propias, cubriéndose del mundo que lo agobia en la seguridad de la lectura y
formando una mente romántica.
Ese
romanticismo y espíritu romántico se descubre imponente el momento del primer
amor. Núñez se entrega sin medida a ese sentimiento que lo envuelve y lo
entrega a una mujer de características
diferentes a las de su madre que entra en el corazón de este hombre para que
conozca la cumbre de la pasión. Rafael no reprimió lo que sentía y desafió la moralidad
de su época, desafió los convencionalismos sociales y tentó su naturaleza viril
hasta consumar sus deseos.
Las
consecuencias de sus actos no se dejan esperar Francisco Núñez quiere corregir
los desaciertos de su hijo y guiarlo en su vida pública, convertirlo en el militar
que sigue los pasos de su padre. Todo lo acontecido no es lo que Rafael deseaba
pero en un principio actúa sumisamente, lo que no dura por mucho tiempo y por
fin despierta en él el ser autónomo que ya sin la protección de su madre toma
las riendas de su vida, y esa vida va por caminos contrarios a los indicados
por su padre: militar si, en el mismo bando no.
No
será Rafael Núñez el hombre que siga los pasos de su padre pues no se
identificó nunca con él, su amor fue siempre para su madre y su primera
experiencia amorosa fue cruelmente desairada por orden de su padre dejando en la
sociedad cartagenera una escandalosa memoria de aquellos hechos, la consumación
física de un amor en aquella época era asunto de cura y sin la bendición de
este cualquier acto carnal era acto pecaminoso y condenable sobre todo para la
mujer, por eso Núñez salió bien librado, pero en su conciencia romántica y
sensible debió pesar la culpa por mucho tiempo.
Fue
la mujer la fuente de inspiración que hizo de Núñez un poeta y en muchas
ocasiones tuvo que fortalecerse para enfrentar las amarguras que le deparaba el
amor en mujeres como Pepita Polanco, Manuela Arosemena, Concepción Picón y
Herrera y Dolores Gallego. De las tantas
mujeres que en su vida cortejo absorbió el carácter con el que enfrentaría los
conflictos sociales y políticos de cada momento de su vida. Lleno de amarguras
pero sin perder nunca la esperanza seguía buscando la compañía para su vida.
Vio
en Dolores Gallego una oportunidad para escalar en la política y con ella se
casó a pesar de haber estado cortejando antes a otra, pero la frialdad de esta
mujer apagaba la llama interior del “Regenerador”, demasiadas diferencias lo
distanciaban para que Núñez pudiera estar junto a Dolores Gallego, por eso
prefirió huir con pretextos laborales hasta lograr una separación definitiva de
esta mujer y contrario a lo que sucedió con su primer amor, en esta ocasión
debió estar muy aliviado de poner distancia entre los dos. Rafael no tenía el
espíritu mártir de su madre.
Doña
Gregoria de Haro vuelve y enciende el ardor de sus deseos, nuevamente es una
pasión tormentosa que lo envuelve y le hace perder la cordura y la prudencia, esta
vez en la capital una ciudad compuesta por una sociedad mucho más inquisidora
que la cartagenera, parecería que en materia de amor a Núñez lo estimulara más
el peligro de la relación prohibida.
Su
vida privada traspasa lo íntimo y logra escandalizar de nuevo porque
abiertamente acecha a la dama a pesar de ser ella casada, creándose enemigos de
lenguas ponzoñosas que aprovecharon para despotricar de su vida política
argumentando con la insolencia de sus conquistas.
Sin
embargo la compañía y la paz que Núñez busca para su vida no se encuentra al
lado de Gregoria de Haro, De la Espriella nos dice que “Hay una soledad interna en Núñez que él no logra superar con su sola
inteligencia, una soledad que lo acerca, y que indudablemente lo angustia”[2]
Y como un bálsamo para su vida agobiada llega
Soledad Román, la mujer en quien El Regenerador encontraría por fin el amor en
calma y seguridad, la compañía anhelada y el respaldo. De ella se dice que
influyó de manera casi invasiva en las decisiones políticas que tomó Rafael, no
sería nada raro que consultara con ella sus movimientos políticos pues fue una
mujer inteligente, decidida y tan fuerte que es el complemento ideal para la
figura frágil de Núñez.
Un
torrente de emociones desbordadas alentaron las acciones de Núñez, lo
interesante es la forma en que este hombre desafió los convencionalismos sociales
y la moral de su época al buscar siempre
estar al lado de una mujer.
Bibliografía
Castillo Mathieu,
Nicolás del. Primer Núñez. Bogotá, Editorial Tercer Mundo. 1971. 289p.
Castillo Mathieu,
Nicolás del. Biografía de Rafael Núñez. Bogotá. Editorial Iqueima. 1955.
Galvis, Silvia. Soledad
Conspiraciones y Suspiros. Colombia. Arango Editores. 2002. 888p.
Espriella, Ramiro de
la. Acercamiento a Núñez. Bogotá. Editorial Tercer Mundo. 1978.122p
Liévano Aguirre,
Indalecio. Biografías Rafael Núñez. Editorial Intermedio. Bogotá 2002. 408p.
